Una carta recientemente encontrada en el “ensueño del recuerdo”, valora el espacio de los Cintis, la fabricación del “aguardiente llamado singani” y confirma la presencia de Manuela en la Republiqueta que había defendido José Vicente Camargo hasta su muerte en 1816.
Llamó la atención inesperadamente a Manuela, además de la belleza de un valle similar a Los Chillos donde estaba la hacienda Guatamango, en la que ella había pasado su niñez y su juventud cerca de Quito, la producción de nuestro ahora emblemático singani, que tiene “nombre propio y marca singular”. Había una razón para ello. Bolívar, padecía de tuberculosis, y enfrentaba sus molestias con medicamentos de la época. Así lo relata Manuela identificando el "sagú con vino", "tisana emoliente", "untura pectoral con linimento vesicante de Goudret", y para excitar la expectoración, "una copita de ron Santa Teresa que lleva para estos casos."
Por intermedio de personajes charqueños, Manuela fue invitada por Josefa Lizarazú de Linares, a visitar la hacienda San Pedro Mártir, de la que era dueña; se había corrido maledicente en el campanario por algunos criollos de abolengo, que la “cara amica” del Libertador Bolívar y ahora también de doña Juana Azurduy, estaba radicando en La Plata. Era fama que Josefa había alentado, apoyado y dado cobijo a combatientes patriotas durante la guerra grande contra el imperio, y seguramente no quiso perder la oportunidad de conocerla personalmente; en San Pedro habían tenidas estivales a las que llegaban autoridades de la Audiencia, mineros, comerciantes y la generación de la independencia. El mérito republicano de Josefa es que, siendo hija de los Condes de Casa Real de la Moneda, y correspondiéndole el título de 3ra Condesa, le fue suspendido precisamente por sus “arrebatos libertarios”, como recuerda Mario Linares Urioste, custodio de la Casa de la Libertad.
Manuela, más como una ayuda memoria que como una carta descriptiva, comparte sus impresiones a Bolívar, que en ese momento se encontraba en Lima gestionando el reconocimiento de la nueva república. La atención femenina está centrada en dos circunstancias, la belleza de la finca en un valle productivo, y la existencia de un aguardiente “superior a los de Antioquia y al ron de Aragua, en sabor y aroma."
La referencia coloquial a la producción de singani con el método de konchana, es una muestra de la generalizada tecnología artesanal utilizada en Cinti, “consistente en cantaros de barro donde se destilaba la uva fermentada que se le sometía al calor con combustible de leña interconectados por tubos rudimentarios de caña hueca y refrigerado con agua para transformar el vapor de la cocción en líquido”, y que precedió al destilado industrial con la alquitana, las falcas singaneras y alambiques de cobre.
La uva como cultivo y el vino y el singani como producto económico, acompaña el rito de la vendimia y el brindis intenso y sublime que ya podía gozarse en libertad, en el territorio de la antigua Audiencia de Charcas, hoy el sur de Chuquisaca, Potosí y Tarija. La Patria había nacido perfumada cuando se apropió de este producto espirituoso y mestizo, que devuelve el esfuerzo criollo combinado en un terruño generoso, nos recuerda Willy Cardona que impulsa el reconocimiento de la UNESCO del paisaje cultural histórico de la vinicultura boliviana; la singularidad de sus viñedos, sus paisajes y las prácticas y tradición familiar e histórica que la acompañan, son parte del capital intangible de este concepto singular que nos abraza.
Este es un homenaje a quienes han preparado el mañana para que nos sintamos a gusto en él.
(Gracias Coqui Baracatt, Pablo Canedo, Mario Molina, Fernando Barrios, Luciana Rivera, Mario Linares, Willy Cardona, Lorgio Rivera Calvo, Marisi Rivera Calvo, María Angelica Kirigin por el apoyo en la producción de este post. La precisión histórica y técnica, es de ustedes; soy responsable de lo escrito)